
Es bien sabido que México tiene el honor de ser el segundo país del mundo con la mayor tasa de mortalidad (en concreto, homicidios) entre periodistas. Si consideramos que el primer lugar lo ostenta Iraq, una nación en estado de guerra y al borde de la extinción, es todo un honor llevarnos la plata. Los narcoejercitos (amo las palabras compuestas) matan periodistas y reporteros como si fueran moscas merodeando un puesto de tacos. Los c'arteles incluso han adaptado el pensamiento imperialista gringo a sus practicas homicidas con la implementación del “levanton preventivo”. Cuando sospechan que un periódico esta por publicar alguna nota que les incomoda mandan a un comando para “levantar” y ejecutar a un par de periodistas. El efecto que esto ha tenido, además del cierre definitivo de no pocos periódicos, ha sido la peor enfermedad que este añejo oficio (si me preguntan a mi la prostitucion no es el oficio mas antiguo, sino el chisme) puede sufrir: la autocensura.
Durante los años cincuenta en yankeelandia, el senador McCarthy se dedico a perseguir y enjuiciar a todo aquel que pareciera un poco rosado tildando de comunista hasta a su propia sombra. Los medios y la prensa, (excepto contados casos, uno de ellos fue Edward R. Murrow, documentado en la película de 2005 “Good Night and Good Luck” dirigida por el intratable George Clooney) en lugar de exponer, como era su deber, la cacería de brujas que se estaba llevando a cabo, se limito a “informar” sobre los nuevos “traidores” que McCarthy iba encontrando en los lugares mas inverosímiles, como escuelas primarias o en empleadillos de la media burocracia. Los medios impresos temían ser los siguientes blancos de la paranoia del senador y mantuvieron un bajo perfil en esos temas.
Un ejemplo mas cercano a nuestra realidad fue la hegemonia informativa que mantuvo la figura presidencial en este país durante la mayor parte del s. XX. Casos como el del “golpe de estado” que sufrió el periódico Excelsior forzando la expulsión de su director Julio Scherer García, una figura amenazante para el régimen priista de esa época (mediados de los años setenta.) Las desventuras del Excelsior llegaron a su punto cumbre el año pasado, cuando, tras la intervención del entonces presidente Fox, se disolvió la cooperativa del diario y fue adquirido por el empresario/gangster/cerdo Vázquez Raña por poco mas que un puñado de cacahuates. El punto mas vergonzante del pozo llego el 15 de noviembre de 2006 tras el asesinato de José Manuel Nava Sánchez. Un crimen que, oficialmente, fue calificado de “pasional”, conclusión que a nadie convenció tomando en cuenta que esa misma noche el periodista había presentado su libro “Excelsior, el asalto final” donde denuncio el turbio proceso de venta del diario. El resultado pueden verlo hoy en su puesto de revistas preferido. Un panfleto, el que alguna vez fue “el periódico de la vida nacional”, lleno de colorcitos y fotos para que el lector mexicano promedio (TV y novelas, TV notas) no muera de aburrimiento o, ni lo mande DIOS, se de cuenta de cual es el país en el que vive. Otro caso que, por supuesto, ustedes no escucharon fue el despido del director editorial del periódico “El Centro”, Miguel Castillo Chávez, en octubre pasado. Provocado por una serie de artículos que, como suele suceder, encabronaron a la presidencia y, peor aun, a la todopoderosa Televisa. Ni siquiera el cuasi santificado semanario Proceso, fundado por Julio Scherer, se libra de ser represivo. Como ejemplo basta la reciente salida de Sanjuana Martínez, quien afirmo que, debido a su investigación sobre la pederastia en la Iglesia, la orillaron a renunciar de la revista, limitando sus contribuciones cada vez mas.
La presión televisiva no se limita a atacar a los gobernantes que no cooperen. En años recientes hemos visto como Televisa y Azteca se unieron para linchar públicamente a un empresario farmacéutico que pretendía, junto con General Electric, formar una tercera televisora. La misma suerte corrieron los dueños del periódico Reforma. Como olvidar el programa especial “Cría Cuervos”, transmitido el año pasado en el canal 13, donde denunciaban (de manera unilateral y violando el derecho de replica de los “acusados”) el atropello y expulsión del periódico “El Norte” que sufrió Rodolfo Junco de la Vega por parte de su hijo Alejandro Junco, quien estoy seguro no es ningún angelito, sin embargo su punto de vista me pareció necesario. Lo interesante es ¿qué ganaba Azteca “denunciando” esa tropelía? Sin duda algo mas que la simple satisfacción de hacer el bien, o ¿ustedes que creen?
Hablé antes de la hegemonía informativa de la que gozó el Estado mexicano en el pasado, no porque las cosas hayan mejorado, simplemente porque ahora el poder parecen ejercerlo los medios masivos tras el patético vacío que dejo la salida del PRI y el fin del presidencialismo. Si antes un medio molestaba al presidente era silenciado, ahora si un presidente desagrada a los jefes mediáticos este es atacado con todo el poder de la televisión. Incluso hasta deciden quien puede y quien no llegar a la presidencia. Aun a pesar del voto popular la voluntad de Televisa se impone.
Hace poco los (relativamente) informados celebramos la nueva ley electoral en la que se limito el poder de las televisoras. La respuesta automática fue un ataque en varios frentes al primer enano de la nación, el señor presidente. Incluso pudimos ver a AMLO en la tele de nuevo. Mas que un berrinche a mi me pareció una demostración del poder que tiene gente como Azcarraga y el vende muebles convertido en empresario, Salinas Pliego (no porque tenga la Redacción algo en contra de los vendedores de muebles, simplemente detesto al tipejo ese); como si nos dijeran “Con todo y sus reformas y leyecitas pendejas, aquí mandamos nosotros, cabrones”. Y vaya que nos quedo claro de que lado masca la iguana en este país.
La excelente caricatura es contribución involuntaria del maestro Hernandez, con la esperanza de que no nos demande.

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