
Antes de empezar, déjenme aclarar algo. Los no-fumadores no tienen derechos. Cualquier persona que se autodenomine “no fumador” es un gran imbecil que no merece recibir los mismos privilegios que el resto de los ciudadanos. No me imagino a este personaje ligando en un bar:
-Me llamo Ana y estudio arquitectura, y tu?
-Yo soy Marco, soy un no fumador.”
Marco no merece mi respeto y sobre todo no merece que evite fumar a su alrededor. Es mas, si algún día me topo con Marco prometo apagar mi cigarro en uno de sus ojos para que aprenda a apreciar el derecho a la muerte lenta que le estoy otorgando.
Hace unos años cuando todos esos países primermundistas comenzaron a pasar leyes sobre esta materia me pareció normal, después de todo en el primer mundo tienen mucho tiempo libre como para tirarlo en pendejadas de ese calibre. Sin embargo cuando un país subdesarrollado (lo que sea que eso signifique) como el nuestro contempla siquiera la idea de prohibirnos fumar, mi respuesta al gobierno es:
Cuando canalices mis impuestos de manera apropiada, cuando aprendas a colectarlos de manera rápida y eficaz, cuando acabes con el problema de la pobreza (o por lo menos hagas algo decente al respecto), cuando me des un sistema de salud publica aceptable, cuando le prohíbas a la Gordillo seguir deteniendo la vejez, cuando la educación publica valga la pena, cuando los de los 400 pueblos dejen de encuerarse (o por lo menos recluten mujeres de Los Altos, Jalisco), cuando los diputados acudan a trabajar y… ya entienden mi punto; entonces y solo entonces les doy permiso de ordenarme donde puedo y no puedo fumar. Mientras eso sucede los insto a picarse la cola con el Diario Oficial de la Federación. Eso o pónganse a trabajar, cabrones.
Desde otro ángulo, el simple concepto de proponer una ley de este tipo me parece el ejemplo perfecto de la falta de fe que le tenemos a la raza humana. Todos los fumadores que conozco apagarían sus cigarros si alguien les dice que el humo les molesta. Sin ningún problema. Eso si, en palabras de un sabio amigo “bebé que no llora no mama” no hagan la idiotez esa de toser junto a un fumador, tengan los huevos para voltearse y mentarle la madre o bien solicitarle que apague su cigarro. Pero sean directos. No mamen.
Esta medida me parece exagerada, intolerante e invasiva, además es una distracción de los temas relevantes a nivel nacional como la reforma energética, el proyecto de privatización de PEMEX o la renuncia por “motivos personales” (yeah, right) del secretario de gobernación.
Toda esta agenda anti tabaquismo me parece tan siniestra como el desmadre del calentamiento global o el foquicidio de las focas bebe en Alaska (o Canadá o donde sea). En serio, paren de mamar, hay asuntos mucho mas importantes. ¿Que tal una ley para la protección de los periodistas? Por decir algo. O una propuesta de reforma para retirarle el fuero a los funcionarios públicos. Escuchamos de este tema del cigarro todo el día en los medios, pero ya nadie dice nada sobre el escándalo de pederastia en el gobierno de Jalisco, ni el acoso que el procurador de ese estado ejerció sobre uno de sus ex colaboradores, hasta intentar matarlo, por negarse a testificar a su favor.
Incluso me parece de mayor importancia que Ana G. Guevara decida retirarse de las pistas (y créanme, muy pocas cosas me parecen menos relevantes que la vida profesional del she-male ese).
Aprendamos a convivir. Por mi parte les doy mi palabra de respetar los espacios no ventilados, guarderías o lugares donde los propietarios o clientes no quieran respirar humo, sin necesidad de que me manden a la cárcel.
En pro de la civilización, di no a la ley anti tabaquismo.






